Concentración y poder


Por  Roberto Viera

Drucker dijo que las empresas del gobierno, de los municipios funcionan más o menos bien cuando se dedican a una sola función específica. Barrer las calles,  suministrar agua, suministrar gas u otras actividades. Sin embargo, hace la observación, mostrando que en todas las condiciones de las empresas públicas, ya sea bajo entidades democráticas patrocinadas por los municipios, dictatoriales, o bajo un régimen socialista,  las empresas públicas fracasan cuando se usan para darle empleo a personas que de otra manera no lo consiguen.

Adicionalmente a esto, los marxistas creen en la tesis de David Ricardo, que el sueldo del trabajador no se mide por lo que produce sino por lo que ellos dicen necesita para comer.  Con lo cual impiden cualquier remuneración adaptada a la producción. Lo cual aumenta la presión contra los que quieren trabajar.


Las empresas públicas venezolanas así quedan sometidas a ambos defectos, como es ocuparse de labores sociales y electorales distrayéndose de su objetivo primario, y por otra parte tienen patrones de selección que no corresponden con el objetivo de la empresa. De esta manera, se repiten las conductas que han llevado al fracaso a los países socialistas en medio de un estancamiento económico general.

Las compañías petroleras transnacionales deben estar brincando en una pata cuando comentan sobre las políticas empresariales de PDVSA. Ellos saben que en función de esos errores en la gerencia, las transnacionales se hacen más necesarias.

El estrepitoso fracaso de las políticas marxistas en la conducción de la economía destruye las esperanzas en alcanzar una sociedad que supere los desequilibrios del capitalismo. Unas empresas públicas con funciones y metas definidas, con transparencia en su manejo son posibles, sin grandes pretensiones demagógicas.

En el otro extremo lo que tenemos son a los países socialistas, China, Cuba, Vietnam, suministrando mano de obra barata socialista a las corporaciones transnacionales norteamericanas, en condiciones de total indefensión para los trabajadores. Sin organizaciones sociales o políticas independientes, con toda la prensa y la TV controlada por el Estado para la defensa de sus socios capitalistas.

En medio de las mieles del discurso revolucionario se oculta el inicio de un nuevo período de esclavitud, el estado socialista de los países subdesarrollados, convertido en el mayordomo del capitalismo que ha llegado a su máxima concentración y poder.

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