La verdadera cara de Marx


Por Francisco Roberto Viera  (c)Todos los derechos reservados

El discurso de Marx se engloba en una serie teorías económicas y políticas para favorecer a la dominación inglesa sobre la mayoría de los países del mundo de su época. Primero estuvo David Ricardo y Malthus, como bien lo señala Henry Carey, ellos representan una imagen pesimista del mundo, posiblemente originada en su ateísmo, y dice Malthus que la comida no va a alcanzar y todo termina en hambrunas. Luego Ricardo formula su teoría de los rendimientos decrecientes de la tierra  para que sus discípulos como Mills asuman ese rendimiento decreciente a todo capital. Y por último Marx lo formula como la tesis de la tasa decreciente de ganancia. Carey critica limpiamente esas teorías en varias de sus obras, en particular el «Slave Trade».

También constata Carey que los rendimientos decrecientes en la agricultura corresponden a las áreas agrícolas sometidas al monopolio inglés, que trabajan con monocultivo y un mercado monopolizado desde Inglaterra que lleva los productos agrícolas hasta el nivel en que el agricultor no puede acumular y tiene que vivir en la miseria.

Además de la dependencia de Marx en sus tesis centrales de las especificaciones pro-dominación inglesa de Ricardo y Malthus, Marx se dedica a falsificar la historia para ocultar el verdadero proceso económico que se vivió en su tiempo. Por ejemplo Marx dice en el manifiesto Comunista que «La burguesía» abre los mercados a cañonazos refiriéndose a las invasiones inglesas y europeas a Asia. Pero la realidad es que los ingleses monopolizaban la producción China y de la  India y sacaban plusvalía vendiendo los productos de esas regiones como monopolio por todo el mundo. El motivo aducido por los ingleses para la invasión a China de 1860 o segunda guerra del opio fue de que el balance del oro favorecía a China y ellos querían que le compraran sus productos que no representaban «la baratura de la mercancía » dicha por Marx. Inglaterra hizo lo mismo que habían hecho los turcos, los árabes y los mongoles, que vendían con plusvalía los productos comprados en China al costo de producción, plusvalia proveniente del monopolio y de la mayor división del trabajo de China que tenia costos de producción inferiores y mercancías diferentes o innovaciones. Si Marx y los marxistas no vieron ese hecho  como van  a ver la masa de plusvalía que tienen las industrias occidentales en China hoy en día, donde tiene costos de producción muy bajos y los capitalistas venden los productos como monopolio por todo el mundo, reproduciendo el capitalismo de los siglos XVIII y XIX.

La mayor masa de mentiras las propaló Marx con respecto a Francia en sus falaces reportes sobre  Napoleón III y la Comuna de Paris. Después de la derrota de Napoleón en 1815, Francia se plegó al dominio inglés. Y esto lo oculta Marx. Por ejemplo cuando Colombia discutía con Inglaterra el tratado de comercio en 1825, escribe Bolívar en una carta a Santander que una escuadra francesa  estaba bloqueando el puerto de La Guaira y además tenían los franceses 20.000 hombres en Martinica. Así, bajo esta presión, Colombia firmo el tratado de comercio que condeno a este país a la caída de la artesanía e impedir cualquier manufactura. Inglaterra traía las mercancías de Asia y Europa. Pero esto nunca lo va a ver un marxista  con su mente rebozada con las mentiras de  Marx.

Al igual que el rey de Francia derrocado en 1830, fue la actitud de Napoleón III, y sus guerras estuvieron dirigidas a satisfacer a los intereses de Inglaterra. Marx fantasea en «el 18 Brumario» de unas clases sociales, pero lo que había era el sometimiento de Luis Napoleón Bonaparte a Inglaterra. Entre otras acciones Francia participó en la segunda guerra del opio antes nombrada, en la guerra de Crimea para proteger la dominación británica en la India frente a los avances rusos y la coronación de la relación Napoleón III – Inglaterra , el tratado de comercio de 1860, Chevalier-Cobden, hecho por Napoleón III a espaldas de los industriales franceses, al mismo estilo que se firmó el «globalizado» tratado del TPP o el NAFTA, con cláusulas secretas que el mismo congreso de EEUU no las conoce y solo las puede leer al momento de aprobarlas.

Es en esta área donde Marx hace una narración  fantástica de clases e intereses de clases, sin nombrar ni una sola vez a la aristocracia británica, sus militares beneficiados directos e indirectos del monopolio comercial, encabezada en ese tiempo por la reina Victoria.

Marx de esa manera divide a los países dominados por Inglaterra entre los asalariados contra los industriales sin para nada nombrar a los comerciantes internacionales apoyados por la aristocracia británica que dominaba el comercio mundial y se tomaba la parte del león de la plusvalía mundial.

Peor aún son los países que implantan el socialismo marxista que evita la producción eliminando al empresario dejando un rastro de hambruna, escasez y mortandad.

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